Recorrido el Cusco, ya era hora de empezar nuestro peregrinaje final hacia Machu Picchu. No quise repetir el error de mi visita anterior (error para mi solamente), partir desde el Cusco directo en tren hasta Machu Picchu, sin pasar por los poblados del Valle Sagrado.
Así que muy de mañana partimos desde el hostal, hasta el terminal de buses que van rumbo a Pisac, aquellos que toma cualquier vecino del valle cuando regresa del Cusco. Fue lindo, ya que aquí observe la cotidianeidad de la gente del lugar. El trayecto es corto, demora un poco más de una hora hasta Pisac.
Llegamos a Pisac casi a las 9 de la mañana. Decidimos caminar un poco por el pueblo, sus calles y ambientes, hasta la plaza. La feria aún no abría, así que partimos de vuelta. en dirección al puente (Pisac esta a la orilla contraria del río Vilcanota), para tomar un taxi que nos lleve hasta las ruinas de Pisac, distante a unos 13 km de distancia y en subida. Nada aconsejable a pie, ya que las ruinas están en el cerro que vigila al poblado.
Pisac sobrecoge, de inicio te encuentras con la guarida del guardían que controlaba el ingreso y construcciones aledañas, con una vista impresionante a los andenes de cultivos y al largo camino que se pierde en la cadena montañosa. Saliendo de este lugar, nos encontramos con una lugareña vestida con sus ropajes tradicionales, nos saluda amablemente. Nos encontramos con una gran fortaleza en el alto, algunos de los caminantes desisten de subirla. Yo me negué y conveci a mi novia a subirla, en verdad vale la pena, es hermosa pero merma nuestra capacidad física notoriamente. Nos impactamos con sus vistas y decidimos proseguir camino, pasando por el portal que da inicio al camino.
Es impresionante como los incas se adaptaron a la naturaleza y no al revés, como sucede hoy, un respeto único. Sus construcciones se adaptaban a como las piedras y lugares estaban configurados para no alterarlo. Así el camino se caracteriza por escaleras de piedras, miradores y tuneles entre grandes rocas, para encontrarte de improviso con la ciudad misma y sus templos, realmente impresionante y un acabado fenomenal. Unas cuantas fotos y a descansar, Pilar estaba muerta de tanto caminar.
Ya de pie, caminamos en dirección al pueblo, allí te encuentras con las torres de vigilancia, con una vista impresionante al valle y al pueblo. Allí Pilar le pregunta a un viajero de que parte del camino venía, el responde de Bélgica, esto no sería una anécdota, ya que después nos encontraríamos varias veces con ellos en Machu Picchu y Arica (Chile). Así y en pésimas condiciones, empezamos ya enfilamos rumbo al pueblo, la bajada nos parecio terrible, bastante empinada y larga, llegamos a penas y yo pensaba en dejar Ollantaytambo para el regreso de Machu Picchu.
Ya de regreso en Pisac, esperamos el bus que va hacia Urubamba, esperamos bastante, ya que los buses que llegaban iban sólo hasta Calca. Lo que nos sirvió para recuperarnos, tras una hora y un choclo con queso, estabamos arriba del bus. El viaje es tranquilo y con un paisaje extremadamente verde.
Ya en el terminal de Urubamba, de inmediato tomamos una combi hasta Ollantaytambo. Al bajar, te sientes en otro lugar, una paz abísmante. Ollantaytambo es pequeño, de calles empedradas y gente tranquila, esto en conjunto de un sol radiante, era el marco perfecto.
En frente a la vista están las ruinas, unas cuantas cuadras nos separan. La fortaleza sobrecoge, por su simpleza y calma que hoy reina en ellas. Una larga escalera que atraviesa los andenes, te da la bienvenida a una vista espectacular del pueblo, que conserva su orden y distribución inca. La recorremos, escuchamos parte de las explicaciones que brindan los guías a los grupos. Fotografío cada instante y lugar. Luego de 2 horas de recorrido, nos dirigimos a esperar a la estación de trenes que nos llevará a Machu Picchu.
Esperamos en la larga hilera de bancas que hay fuera de la estación, hay varios puestos de comida en el lugar. Ya arribado el tren, estamos listos para partir. Llegan 2 gringos de California, mi novia conversa con ellos, ya que ella si habla inglés y yo entendí casi nada. El tren se paro varias veces y llegamos casi a las 12 de la noche. Allí buscamos un hostal, y tras preguntar y buscar nos consiguen el servicio de guía para conocer Machu Picchu. Así nos vamos a descansar y empezar lo más esperado del viaje.
